Rezaba un letrero en color negro sobre las bardas de una avenida en esta hermosa ciudad. Por ese entonces, Doris Gómez, una buena amiga, me llevaba al café la OPERA para escuchar los consejos del maestro Luis Patíño. La literatura me había coqueteado y en ese entonces buscaba la manera de obtener una cita a ciegas con ella. Algunas tardes, en domingo, Doris se volvía cómplice y asaltábamos al maestro en su modesta casa, por la salida a Chapala. Sentado en un equipal y rodeado de libros, el maestro Patiño me introdujo a Kazantzakis. Me comentó que él, Nikos, se sentía tocado por Dios para hablar sobre Él; y esto fue lo que más me impresionó. Fue ahí donde descubrí al autor de la novela que estelarizó Anthony Queen en la pantalla grande: "Zorba el griego".
Tuvieron que pasar muchos años, y dentro de éstos el maestro Patiño descansó en paz, para que yo pudiera tener en mis manos la novela de Kazantzakis. Lo común es que primero llegue el conocimiento por los ojos: el cine.
La película, de Martin Scorsese propone a un personaje incierto y debilitado, llevado más por el destino que por sus convicciones. Bañado por los tambores de Peter Gabriel, pretende esconder a un personaje incompleto y adolescente en su fe que dista "cuadros luz," del complejo "Hijo de carpintero" que Nikos construye a lo largo de XXXIII capítulos "arrasado en lágrimas".
Kazantzakis, griego, monje riguroso, no puede escapar a su historia y cultura y esculpe su personaje bajo la misma influencia de Zeus: "Dios lanzó un rayo terrible; el cielo y la tierra se confundieron y María cayó de espaldas y se desvaneció" (cap V). El hijo del carpintero, es un personaje que va y viene acorde a los elementos circundados a Él (o a lo que Él representa): "Lázaro, levántate y anda [... ] - No quería hacerlo - repitió en voz baja Jesús - no quería hacerlo, anciano. Cuando vi que levantaba la baldosa de piedra me espanté. Quería echar a correr pero sentí vergüenza. Me quedé temblando de miedo." (cap XXVI). Una vez más, Judas aparece como el fuerte, no el traidor, sino quien le da la fuerza y soporta a este personaje del destino: "Me estrechabas en tus brazo ¿recuerdas? y me suplicabas: «¡Traicióname, traicióname! Así me crucificarán, resucitaré y ¡Salvaremos al mundo!»" (cap XXXIII) ,
La vida de este personaje, el hijo del carpintero corre a lo largo de tentaciones en la cuales cualquiera de nosotros podemos o hemos caído alguna vez. Es un personaje que camina aún en la duda, y se mantiene firme a pesar de sí mismo: "No , no era un cobarde, desertor ni traidor. No; estaba clavado en la cruz, había sido leal hasta el fin y había cumplido la palabra empeñada." (cap XXXIII). El más allá regresa con su sonrisa macabra y llena, de nuevo, el destino propio de las cosas: "Mientras lo zarandeaba, se quedó con el brazo de Lázaro en la mano. El terror se apoderó de Barrabás, quien arrojó el brazo descompuesto en las retamas floridas y escupió, repugnado" (cap XXVII)
Crear un personaje es complicado, más aún crearlo con el rompecabezas de la arqueología. Fragmentos de Él en un libro, fragmentos en otro, pedazos de tiempo y espacio, cultura y costumbres. Meditar y contemplar; estar presente en el momento de los hechos, nos orilla a representar un momento significativo (al menos para quien escribe). El personaje, hijo de David, adolece toda su existencia en cuerpo y alma, en fe: El personaje de Scorsese, adolece aún más.
Quizá por eso, por la gran influencia griega que baña de principio a fin esta obra, pueda decirse NO A LA ULTIMA TENTACION (PROPIA) DE NIKOS KAZANTZAKIS
Rafael González-Aréchiga Cortés

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